Viñaoliva refuerza su apuesta por la seguridad alimentaria

Con ello, el grupo cooperativo busca garantizar la confianza del consumidor y abrir mercados internacionales

Un consumidor compra una botella de vino o una garrafa de aceite con naturalidad. Lo mete en el carro sin darle demasiadas vueltas, lo paga y se lo lleva a casa. Abre, cocina, bebe y disfruta. Todo parece simple. Pero esa normalidad descansa sobre una condición crítica que hace que el producto sea seguro y que no existan sorpresas que comprometan la salud ni la confianza.

Hay un importante proceso para que esa tranquilidad del consumidor se mantenga y, al mismo tiempo, proteja el producto del socio y lo haga más valioso en el mercado. Aspectos que en el grupo cooperativo Viñaoliva están muy presente de forma permanente y, por eso, detrás de cada producto agroalimentario extremeño que comercializa existe un equipo de profesionales que realiza controles todos los días para que lo que llega a la despensa del consumidor sea seguro.

La exigencia se mantiene tanto si la venta es directa como si se canaliza mediante distribuidores o envasadores nacionales e internacionales. Y no es una cuestión meramente relacionada con la venta de vino, aceite o mosto, sino que se trata de cuidar un proceso completo que empieza en el campo y termina en el hogar de quien confía en lo que adquiere, la recepción de materia prima, la elaboración, el almacenamiento, el envasado, la trazabilidad, la limpieza, los registros y una verificación continua.

Esa disciplina es la que mantiene la confianza y evita que un incidente se convierta en un problema comercial y reputacional. Por eso Viñaoliva sigue renovando su certificación en seguridad alimentaria, algo que no es una noticia técnica aislada, sino una forma de entender el trabajo con seriedad, rigor y sentido común aplicados a diario.

Esa certificación, aunque es voluntaria, se ha convertido en un estándar de facto para operar con determinados clientes y mercados, basada en rigurosos requisitos legales, que funciona como llave de acceso a entornos cada vez más exigentes, donde se premian la consistencia y la fiabilidad del proveedor.

Los productos que se comercializan llevan detrás una cadena de controles diseñada no solo para evitar que algo salga mal, sino también para consolidar valor y convertir la producción del socio en un producto reconocido y competitivo en mercados cada vez más sensibles al riesgo.

“Hay que ponerse en la piel del consumidor”, dice Rocío Ledesma, responsable de Calidad del grupo cooperativo Viñaoliva. “Cuando compras un producto y lo metes en el carro, lo haces con la seguridad de que está bien. Pero para que eso ocurra, antes ha pasado por muchos controles. Nosotros trabajamos para que esa confianza exista”, añade.

Esa confianza es la que abre puertas a nuevos mercados, mantiene clientes y da estabilidad al sector cooperativo. Cada vez que un comprador internacional confía en el vino, el aceite o el mosto extremeño, el beneficio no se queda solo en la estructura comercial sino que repercute en agricultores, familias y pueblos. Y eso significa más valor para el producto, más empleo y más “poder pensar a largo plazo” para quienes siguen apostando por vivir del campo.

La labor social de Viñaoliva persigue ese propósito de poder mantener la estabilidad del sector agroalimentario a través de la defensa del producto del agricultor, de seguir aportando rentabilidad a la agricultura y de contribuir a que en los pueblos haya oportunidades para quedarse.

La seguridad alimentaria es una herramienta imprescindible para seguir por ese camino, porque permite conservar la confianza de aquellos que ya compran producto extremeño y, al mismo tiempo, abrir puertas en mercados internacionales.

La confianza del consumidor se construye antes de llegar a casa

“En Viñaoliva los exámenes de certificación habitualmente se hacen en una fecha concreta, pero los controles se mantienen todos los días del año. Y esa constancia es la que permite que un producto extremeño llegue con confianza a cualquier parte del mundo”, explica Rocío Ledesma, responsable de Calidad del grupo cooperativo Viñaoliva, quien destaca además que “cuando un consumidor compra con tranquilidad, detrás hay una labor de adaptación, controles y compromiso con el sector en Extremadura”.

Cuando se ve todo lo que hay detrás, se entiende mejor que la seguridad alimentaria es una forma de trabajar. En cooperativas, ese rigor refuerza la confianza, habilita mercados y ayuda a proteger y devolver valor al socio, además de dar continuidad al campo.

Viñaoliva refuerza su apuesta por la seguridad alimentaria

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